Login via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 487

La sangre del niño ya no se podía cambiar, pero su madrastra podría ser otra persona…

Al verlo entrar en la sala, la sonrisa de Luna se desvaneció de inmediato. Óscar miró a su padre con una mezcla de expectativa y timidez. Sin embargo, Sergio ni siquiera le dirigió la mirada, ni lo llamó. Una sombra de decepción cruzó los ojos del niño.

Sergio le indicó a la empleada filipina que llevara a Óscar a su habitación. Cuando por fin se quedaron solos, Luna se sentó, visiblemente impaciente e irritada.

—¿Cuándo me dejarás volver a mi país? Nuestro matrimonio es falso y la boda ya terminó, ¿por qué me sigues reteniendo?

Sergio controlaba su celular, su pasaporte y sus tarjetas bancarias. Si no, ¡ya habría huido!

Él se abrochaba los puños de la camisa con calma mientras hablaba:

—Ni tus propios padres tienen prisa. ¿Por qué deberías estar apurada?

Luna apartó la mirada, molesta. De pronto, él le tomó la barbilla y la obligó a mirarlo.

—Veo que te llevas bien con el niño. A partir de ahora, serás su madre.

—¿Estás loco? —Ella apartó su mano y se puso de pie de golpe—. ¿Por qué iba a ser la madrastra de tu hijo? ¡No te faltan mujeres y ve a encontrarle otra madrastra!

Él rio en un tono burlón.

—Esas mujeres no se comparan contigo, señorita Ruiz. ¿Acaso quieres también darme un hijo?

Ella se apartó.

—Ni pensarlo.

No iba a tener hijos con nadie ahora, ¡y menos con él! Al ver su reacción, Sergio mostró una sonrisa desdeñosa y se enderezó con parsimonia.

—De todos modos, eso depende de ti.

Tras la partida de Sergio, Luna se dejó caer en una silla, confundida y agobiada. Solo era un matrimonio de conveniencia, ni siquiera estaba registrado. ¿Y él se lo había tomado en serio? ¡Pero ella no quería para nada una vida con un canalla! Y no sabía cómo estaban ahora Celia y los demás...

***

—Tenemos que hacerlo. La familia Ruiz ya está destruida y ya no hay maneras de reconstruirla. Ahora tenemos muchas deudas por pagar… La casa, los autos, esas joyas costosas y las colecciones son solo posesiones materiales. No son lo más importante para nosotros. Por cierto, señora Herrera... mi hija… Luna... ¿Cómo está?

Al mencionar a Luna, su expresión se nubló de remordimiento. Todo este suceso les había hecho ver las consecuencias de buscar solo el beneficio propio, y cómo habían arrastrado a su hija en este lío.

—Está en el sudeste asiático. Está a salvo —respondió Celia.

Al oír esto, la señora Ruiz pareció aliviarse.

—Me alegra oírlo. Mientras esté bien…

Celia observó a la mujer mientras entraba de nuevo en la casa, con un nudo de emociones contradictorias en el pecho.

Treinta minutos después, los camiones de mudanza se marcharon. Poco más tarde, la pareja Ruiz salió de la villa. Contemplaron con nostalgia el lugar donde habían vivido durante décadas, como despidiéndose por última vez. Luego, tomaron un taxi y se alejaron sin más.

Celia no supo adónde se dirigirían. De hecho, en los seis meses siguientes, nunca volvió a ver a la pareja.

Reading History

No history.

Comments

The readers' comments on the novel: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró