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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 492

La habitación quedó sumida en un silencio tenso. Al percibir el ambiente, Lía y Yael no pudieron evitar contener la respiración y decidieron retirarse discretamente. César miró a Marta.

—¿Le importo? —preguntó.

—Si no me importaras, ¡no habría hecho todo esto por tu bien!

Él sonrió con amargura.

—Desde pequeño, me he exigido cumplir sus estándares, aunque nunca me ha dicho cuáles son exactamente. ¿Acaso convertirme en el heredero de los Herrera no es suficiente? ¿Tengo que casarme también con la mujer que usted apruebe?

Marta no esperó estas preguntas.

—Siempre dice que ha hecho todo por mi bien, pero ¿de verdad lo es? Solo lo hizo por la atención de papá. Desde niño, si me portaba lo suficientemente bien, él volvía a casa. ¿No es así?

Apenas terminó de hablar, su cabeza giró por un impacto. El sonido de la cachetada rompió el silencio. Marta temblaba de furia. Al darse cuenta de lo que había hecho, sintió un inmediato arrepentimiento, pero no supo cómo enmendarlo. En su confusión, César retrocedió unos pasos, se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás.

Ella ya no pudo contener sus emociones y se echó a llorar en voz baja, cubriéndose la boca con la mano.

***

Al salir de la habitación, César se encontró con las miradas ansiosas de Yael y Lía, de quienes lo esperaban en el pasillo. Lía se le acercó de inmediato.

—César, ¿la tía te hizo…? —preguntó preocupada, pero su voz se cortó al notar las marcas rojizas en su mejilla. Parecía que Marta había perdido los estribos...

—Es que tu mamá estaba demasiada preocupada. No… no le guardes rencor. —Suspiró Yael.

César sonrió con amargura y se tocó la mejilla hinchada.

—No le guardo rencor. Solo le dije algunos hechos incómodos.

En ese momento, sonó su celular. Al atenderlo, su expresión se ensombreció ligeramente con lo que escuchó.

—Entendido —respondió. Colgó y posó la mirada en Lía, entrecerrando los ojos.

Ella parpadeó, desconcertada, ante esa mirada.

—¿Por qué me miras así? —preguntó ella.

—Ve a Ficus y quédate allí un par de días —ordenó César.

Lía rio, exasperada, y puso las manos en las caderas.

—Oye, hombre, no soy tu guardaesp…

Antes de que terminara la frase, César le tendió una tarjeta de crédito con un límite más alto.

—¿Irás o no?

—… ¡Cómo que no! ¡Por usted cruzaría cielo y tierra! Señor, ¡haré todo para lo que necesite! Aunque sea al Polo Norte, ¡allá estaré! —prometió Lía golpeándose el pecho, llena de determinación.

—Este sitio pertenece a la familia Rojas. Todo un clásico en Ficus.

El gerente, al reconocer a Jacob, se le acercó de inmediato.

—Señor Torre, ¡cuánto tiempo! ¿Por fin tiene tiempo libre?

Jacob le respondió con una sonrisa.

—Sí, cuánto tiempo. Por favor, denos la mesa de siempre. Es para la señorita.

El gerente miró a Celia con curiosidad. Era la primera vez que la veía.

—¿Señorita?

—Es la heredera de los Rojas, la hermana menor del señor Ben Rojas. —Jacob rodeó con el brazo los hombros del gerente y, al ver su expresión de asombro, añadió—: ¿No te llegó la noticia? Ella acaba de regresar a la familia.

El gerente jamás había oído decir que Enzo Rojas tuviera una hija, pero, como Jacob era la mano derecha de Ben, la noticia debía ser cierta. Sin embargo, mostró una expresión de dificultad.

—Lo sentimos mucho, señor. Temo que no puedan usar ese reservado hoy…

—¿Por qué? ¿Es que hoy mi jefe no ha venido conmigo y por eso me rechaza?

—No… Me conoce muy bien y debe saber que nunca haré algo así. Es que… el señor Simón Rojas está usando ese reservado de arriba... La verdad es que no puedo hacer nada —explicó el gerente.

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