"¿Qué hace él aquí?", pensó Lía, sorprendida.
Ella permaneció completamente atónita durante varios segundos. En el preciso instante en que él estuvo a punto de girar la cara hacia su dirección, ella dio media vuelta a toda prisa, apretando con fuerza el dobladillo de su ropa entre los dedos.
Había tomado la firme decisión de arrancarse esa espina del corazón, pero al volver a tenerlo frente a sus ojos, le resultaba imposible conservar la serenidad. Sumida en el esfuerzo por controlar la tormenta de emociones que la embargaba, no alcanzó a notar la extraña perturbación que Luna mostraba.
Ella mantenía la mirada clavada en la espalda de Nicolás. De pronto, ráfagas de imágenes fragmentadas y difusas irrumpieron con violencia en su mente, provocándole una punzada tan aguda en las sienes que sintió que la cabeza le iba a estallar. Llevándose una mano a la frente con un gesto de dolor, echó a correr fuera del salón, casi dando traspiés.
—Luna, me parece que lo más conveniente va a ser que… —Lía se dio la vuelta para hablarle, pero descubrió con sorpresa que la muchacha había desaparecido de la nada.
En ese exacto momento, Nicolás, situado al otro extremo del recinto, clavó los ojos directamente en ella.
Sus miradas se entrelazaron durante unos segundos cargados de tensión. Lía, sintiendo que el corazón le martillaba en el pecho, bajó la mirada de golpe y apretó el paso para alejarse del lugar.
Sin embargo, Elio se le interpuso de inmediato en su camino luciendo una sonrisa ladina.
—Señorita Morales, ¿por qué está tan solitaria por aquí? ¿Lunara no te acompaña?
—Ella… supongo que tuvo que retirarse por algún compromiso. La verdad es que tampoco me siento del todo bien, así que prefiero irme —explicó Lía forzando una sonrisa diplomática, intentando esquivarlo.
—Usted acude en calidad de representante de nuestra empresa. Abandonar la velada a estas alturas no resultaría nada apropiado, ¿no le parece?
Aunque no levantó el tono de voz, los presentes situados en las mesas contiguas alcanzaron a escucharlo. En cuestión de instantes, las miradas del resto de los asistentes se posaron sobre Lía.
—¿Se trata de la joven que enviaron desde la sede central?
—Por cierto, ¿podría recordarme cuál es su nombre? —preguntó Lía, volviéndose con total serenidad hacia Elio.
Elio perdió de golpe su sonrisa burlesca. Uno de los ejecutivos se apresuró a explicarle en voz baja a Lía que Elio era el jefe del departamento de producción. Lía le extendió la mano con elegancia.
—Un verdadero gusto saludarlo, señor Cabrera.
Elio, molesto ante el hecho de que ella ni siquiera lo tuviera en el radar, no tuvo más remedio que corresponder el saludo. No obstante, negándose a dar el brazo a torcer, dirigió su mirada hacia Nicolás y añadió con mala intención:
—Lía, usted comentó que guarda una relación bastante cercana con el señor Nicolás Gómez, ¿no? Ya que lo tenemos aquí presente, ¿por qué no aprovecha para pasar a saludarlo como es debido?
Lía se quedó muy quieta, sin hallar una sola palabra para salir del paso.

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