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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 494

Mientras Celia cruzaba el patio, Nieve se lanzó hacia ella y la estrechó entre sus brazos con fuerza. Celia se tensó por unos segundos antes de enterrar su cara en el hombro de Nieve. En ese instante, toda la angustia acumulada en su corazón emergió de nuevo, mezclada con la añoranza que había sentido durante años.

—Mamá… —murmuró.

Nieve, como si percibiera su dolor, sonrió y le acarició la espalda con suavidad, consolándola.

—Mi niña, mamá está aquí…

***

A las nueve por la noche, Lía abordó el avión. Había comprado un asiento en clase ejecutiva. Mientras buscaba su lugar, se sentó y notó que el hombre sentado en el asiento de al lado le resultaba familiar. Al observarlo, se tapó la boca con la mano.

—¡Dios mío!

Otros pasajeros volvieron la mirada hacia ella. Avergonzada, Lía bajó la cabeza y juntó las manos en un gesto de disculpa antes de girarse hacia el hombre.

—¿¡Qué haces en este vuelo!? —preguntó sorprendida.

Nicolás apoyó la cabeza en una mano, con evidente impotencia y cierta impaciencia.

—Uy, parece que no quieres decírmelo. Entonces, déjame adivinar, irás a Ficus por Celia, ¿cierto?

¡Con razón César la había enviado a toda prisa! ¡Era porque Nicolás también se movía!

Nicolás arrugó el entrecejo.

—Y tú también, ¿no?

—¡Voy de turismo! —dijo ella mientras agitaba la tarjeta bancaria que César le había dado frente a los ojos de Nicolás—. ¡Voy a hacer compras!

Él echó un vistazo a la tarjeta.

—César es bastante generoso.

La sonrisa de Lía se desvaneció y guardó la tarjeta.

—Esta vez César se lo está tomando en serio. No creo que ganes esta batalla. Más te vale rendirte. Te lo digo por tu bien.

—¿Y qué? —Nicolás no se inmutó—. Total, ahora él es su exesposo.

—Bueno… ¡al menos él sí fue su esposo!

—¿Y podrá volver a serlo en el futuro?

Nicolás la miró fijamente. Lía se quedó sin palabras.

***

Mientras tanto, Celia cenaba con su familia. Nieve no paraba de servirle comida, reservando todos los manjares para ella.

—Cariño, come mucho para que te mantengas saludable.

Celia sonrió.

—Gracias, mamá.

Enzo le dio de comer a Nieve en persona.

—¿Y el tuyo?

Él guardó silencio por varios segundos.

—Si te llamara con mi número, ¿me contestarías?

Ella se pasó la melena hacia atrás.

—Depende del humor que tenga.

Él sonrió con amargura, riéndose de sí mismo.

—¿Estás en Ficus?

Ella respondió con un sonido afirmativo. Su voz sonó algo ronca.

—¿Quieres verme?

Celia no esperó esta pregunta. Una idea cruzó su mente: ¿este también estaría en Ficus?

—¿Y por qué debería querer verte?

—Aquella noche, cuando estabas borracha, no decías lo mismo. —Él rio con una leve ronquera—. Dijiste que me parezco a tu difunto exesposo y que querías mantenerme. Grabé tus palabras.

Celia quedó petrificada… ¿Cuando ella estaba borracha? Lía le había contado que ella había confundido a un hombre con César… ¡Era pura mentira! ¡Ese hombre era César!

—¡Eres un sinvergüenza! —exclamó entre dientes.

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