—¡Puaj!
El té que Enzo acababa de llevarse a la boca salió disparado al instante. Miró con total incredulidad a su hija, quien mostraba un inusual atisbo de timidez.
César también quedó paralizado. La palabra "comprometerse" seguía resonando en sus oídos. La mano que tenía sobre la rodilla se cerró involuntariamente, con los nudillos palideciendo, mientras una alegría incontenible bullía en sus ojos. ¡De no ser por los demás presentes, habría querido abrazarla y preguntarle mil veces si esas palabras eran reales!
La cara de Ferlín se iluminó de felicidad al instante.
—¡Bien! ¡Esto sí que es una alegría! Enzo, ¿qué opinas?
Las palabras de Ferlín rompieron el estupor de Enzo. Este reaccionó y su expresión se volvió sumamente compleja.
—¿Acaso mi opinión todavía importa?
—¡Entonces, trato hecho! —Ferlín dio el golpe final.
***
Durante el camino de regreso, el interior del auto estaba sumido en un silencio sepulcral. Aunque Celia no miraba la cara de su padre, podía imaginar su malestar. Al final, ella había actuado por impulso.
—Papá. —Lo llamó en voz baja. Enzo no respondió—. ¿Estás enojado conmigo?
—¿Cómo me atrevería a enojarme contigo? —Enzo miró por la ventana del auto con expresión abatida—. ¿Acaso hiciste algo mal? No, tú no. El que está mal es otro. Ese muchacho sin modales… Toda mi vida he detestado a los hombres que seducen a las jovencitas con palabras melosas. Daba un discurso tras otro, ¡y ni siquiera sé cómo es su cara! ¿Con esa máscara fea ya logró hechizarte? He oído que hay brujería en este mundo. ¿Te habrá hecho algo para que te enamores?
El chofer no pudo evitar sonreír: su jefe estaba demasiado metido en su papel de padre ofendido…
—Papá, en realidad… —Celia respiró hondo y decidió no ocultarlo más—. Hay algo que quería contarte desde hace tiempo.
—Mejor no lo digas. —Enzo levantó una mano para interrumpirla y suspiró—. Seguro es algo que no quiero escuchar.
Ella bajó la mirada y murmuró:
—Pero si no lo digo, después me reprocharás que te lo oculté.
—Ya lo has ocultado hasta ahora, sigue así. No quiero saber nada. —Enzo se masajeó las sienes—. Total, sobre el compromiso, tu decisión ya está tomada. Si no estoy de acuerdo, probablemente seré el malo de la película.
Finalmente, optó por ceder. Celia sonrió resignada y se acercó a él.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comments
The readers' comments on the novel: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró