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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 584

César escuchó en silencio lo que ocurría al otro lado de la línea, con una sonrisa leve brillando en sus ojos. Ya podía imaginar lo hermosa que estaría ella cuando se pusiera el vestido y caminara hacia él.

—¿Me estás escuchando?

La voz melodiosa de Celia lo trajo de vuelta a la realidad. Fingió estar concentrado y respondió con un murmullo:

—Claro.

El personal de la sala ya se había retirado. Celia se acercó a la ventana, contemplando el bosque tranquilo del jardín.

—Te decía que, si no te importa… esta noche…

—Tengo tiempo. —César no la dejó terminar, con una sonrisa que apenas podía contener—. Te espero esta noche.

Después de colgar, la alegría de César estalló. Por poco soltó una carcajada. ¡Ella lo había invitado! ¿Eso significaba que se quedaría con él esta noche? Al pensar en esto, enterró su cara en su palma. Su pecho subía y bajaba con fuerza mientras se decía a sí mismo que debía calmarse. Sin embargo, ¡simplemente no podía!

Se levantó y deambuló en la sala de un lado para otro. Echó un vistazo y sentía que era demasiado simple, que le faltaba algo para una ocasión así. Así que tomó su celular y contactó de inmediato a recepción.

***

—¿Celia se va a comprometer? ¿En serio?

—¡Claro! ¡Los Rojas ya están preparando el banquete para dentro de dos meses!

Lía, que pasaba por detrás de los empleados que cotilleaban, aguzó el oído y se acercó rápidamente.

—¿Quién se compromete con quién?

—La jefa Celia Sánchez, ¿no lo sabías?

—¿Celi…? —Lía instintivamente se tapó la boca y miró a su alrededor—. ¿Celia? ¿Ella se va a comprometer?

—Sí, según he oído, con el nuevo accionista del proyecto, el señor Mendoza.

Lía se irguió lentamente, boquiabierta por la sorpresa. ¿Así que ellos realmente habían reavivado su antigua relación? Aunque ella ya lo había imaginado, ¡era demasiado rápido! Pero… ¿qué pasaba con él…?

Pensando, dirigió una mirada hacia la oficina de Nicolás. Justo entonces, vio a Alexander saliendo de allí y se apresuró a interceptarlo.

—¡Alexander!

—¿Lía? —Alexander se ajustó las gafas y tartamudeó, nervioso—. ¿Tienes algo que decirme?

—Pues, nada especial. Oye, ¿Nicolás está dentro? ¿Lo has visto? ¿Está de buen humor?

—Adelante, por favor.

Enzo le echó un vistazo y entró primero. Celia disminuyó el paso, se volvió hacia César y susurró:

—Te avisé con tiempo que mi papá quería venir a hablar contigo. Me dijiste que estabas escuchando, ¿no?

César no sabía qué decir, así que se tragó el bochorno. ¡Qué error!

Enzo se sentó en el sofá sin ceremonias y echó un vistazo a la sala.

—Señor Herrera, ¿planeas quedarte en el hotel a largo plazo?

César, manteniendo su cara serena a pesar de los nervios, les preparó dos vasos de agua y sonrió.

—Antes no planeaba residir en Ficus por mucho tiempo, por eso elegí el hotel.

—Ah, no planeabas residir en Ficus… Entonces al principio tampoco pensabas llegar a un compromiso con mi hija, ¿cierto?

Celia miró a su papá y luego a César, esperando su respuesta. César bajó la mirada y sonrió con sinceridad.

—Al principio, ciertamente pensaba así. Porque no creía tener esta oportunidad de empezar de nuevo. —Su mirada se encontró con la de Celia—. Atesoro mucho esta oportunidad.

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