Celia dejó escapar una risotada al escucharlo.
—En ese caso, vas a tener que preocuparte un poco más por nosotros. En cuanto aprueben la patente, tendré que preparar los detalles de la intervención quirúrgica.
César arrugó la frente.
—¿Significa que vas a estar demasiado ocupada?
—Procuraré tomarme las pausas necesarias. Te aseguro que no voy a llegar al punto de agotarme —respondió ella, mientras se acomodaba en un banquillo para servirse un vaso de agua—. ¿Y de tu lado, cómo van las cosas en la capital?
—Todo está listo por acá —aseguró él con tono sereno.
Un breve silencio envolvió la conversación por unos instantes. Celia apretó ligeramente el vaso de cristal entre sus dedos, y su voz se volvió más suave.
—César… la verdad es que no me siento del todo segura de mí misma. Llevo demasiado tiempo alejada del quirófano y me da pánico fallar.
Tras una corta pausa, la voz firme y profunda de él resonó al otro lado de la línea.
—Sentir temor ante semejante reto resulta de lo más normal. Sin embargo, existen compromisos que debemos asumir sin dudar. No estás sola en esto. A tus espaldas cuentas con el respaldo de muchísima gente. Eres la cirujana más talentosa y capaz que conozco en este mundo. ¿Vas a permitir que el miedo te gane tan fácilmente?
Celia contempló detenidamente su reflejo sobre la superficie del agua y dejó escapar una risita llena de amargura.
—Hablas con tanta propiedad, es como si me conocieras de toda la vida.
—Después de tantos años compartidos, si hubiéramos sido rivales ya nos conoceríamos al derecho y al revés. Y la verdad es que te conozco muchísimo más que a nadie.
Celia contuvo la respiración por un instante, luego se rio.
—Por lo menos me reconforta saber que te queda algo de consideración.
Lía sumaba pocos días desempeñándose dentro de la farmacéutica y ya se había convertido en el tema principal de conversación entre los empleados.
—Por lo general, las personas que ingresan a esos puestos ostentan posgrados o amplia trayectoria. Esta muchacha llegó por puro favoritismo.
—Teniendo contactos e influencias de alto nivel no se requiere saber absolutamente nada del negocio.
—Nacer en una buena familia resuelve la vida por completo. Qué envidia…
Varias empleadas estaban hablando del tema en la cafetería. Después de todo, la llegada de Lía era sumamente llamativa. Para el personal, ella era solamente una joven sin ninguna experiencia en el área de las farmacéuticas. Esos comentarios eran casi inevitables.
Sentada a corta distancia en la cafetería del personal, Lía escuchó cada una de las murmuraciones. Sin inmutarse en lo más mínimo, se puso de pie, tomó varias botellas de jugo natural y se dirigió sonriendo hacia la mesa donde se encontraban las empleadas.
—Hola a todas —saludó, colocando los jugos al centro de la mesa—. Como soy nueva en el área todavía desconozco la dinámica, así que espero poder contar con sus consejos. Les invito estos jugos. ¡Encantada de conocerlas!

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