El silencio se prolongó durante unos segundos. Celia parpadeó y dijo:
—¿Por qué habría que posponerlo?
César dejó ver un leve destello de sorpresa, aunque recuperó la compostura casi de inmediato.
—¿De verdad estás dispuesta a verla?
—La verdad es que no le guardo rencor a tu mamá. Después de todo, es la persona que te dio la vida. Todo lo que hizo en su momento fue impulsado por la intención de defenderte. Si el día de mañana mi propio hijo cometiera una imprudencia similar por seguir a su novia, ni siquiera sé si yo tendría la templanza para tomármelo con calma.
César la contempló fijamente. Transcurrido un momento, dejó escapar una sonrisa serena.
—¿De qué te estás riendo? —preguntó ella, no lograba entenderlo.
Él se aproximó suavemente y le depositó un tierno beso en la frente.
—Gracias, amor.
El inesperado gesto de afecto la tomó por sorpresa, haciendo que un cálido rubor le subiera a las mejillas. Él solo la observó con dulzura en los ojos.
—Mi intención no era consolarte —comentó ella, desviando la mirada hacia un lado.
Él soltó un suave sonido de asentimiento. En el suelo, sus siluetas se entrelazaron aún más.
***
Al día siguiente, Celia acompañó a César a la residencia principal para visitar a Marta. Ella ya había dado instrucciones precisas a todo el personal de la casa. En cuanto Celia cruzó el umbral, todos los empleados de la casa la saludaron con un respetuoso "señora".
Varios de los empleados antiguos la reconocieron de inmediato. A pesar de estar conscientes de su divorcio con César, a sus ojos ella continuaba ostentando el lugar de la auténtica señora Herrera. Celia les sonrió y subió las escaleras junto a César. El mayordomo salió de la habitación principal y la saludó.
—La señora los está esperando adentro.
Al notar su reserva, Marta experimentó un creciente sentimiento de inseguridad y apretó el dobladillo de su ropa entre las manos.
—No pretendo engañarte, una parte de este acercamiento responde a los bebés que estás esperando. Sin embargo, cuando tomé la decisión de buscarte, ni siquiera tenía conocimiento de tu estado. Al enterarme, sentí que se trataba de una señal del destino. Quizá te suene descabellado, pero durante el tiempo que estuve en coma, soñé de manera constante con un pequeño idéntico a ti. Estuvo a mi lado a lo largo de todo ese trance.
Celia la miró, sorprendida.
—Así es, no sabría decirte si se trataba de un niño o una niña, pero su cara era una copia de la tuya. Me aseguró que tú eras su mamá y que muy pronto nos volveríamos a encontrar.
Marta se dejó llevar por la emoción y se limpió disimuladamente una lágrima de la cara. Continuó, sonriendo:
—Sé que puede sonar como una locura. Cuando le conté la experiencia a Víctor, se limitó a decir que no eran más que alucinaciones mías. Pero cuando César me notificó de tu embarazo, me convencí de que ese encuentro había sido del todo real.

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