Celia fijó la mirada en su propio vientre. Apoyó la mano con delicadeza sobre él y pudo percibir los ligeros movimientos de sus bebés, como si estuvieran respondiendo a sus palabras.
Tras unos momentos, César y ella descendieron por las escaleras. Ella caminaba a un paso más pausado, muy pendiente en los escalones, aún sumida en sus pensamientos. Al llegar a la zona del jardín, César se volvió hacia atrás y, al notarla tan distraída, se detuvo para esperarla.
—¿Te sientes cansada? —preguntó él.
Celia negó suavemente con la cabeza.
—César —lo llamó, levantando la cara con los ojos brillosos—. ¿Crees que sean un niño y una niña?
Él dejó escapar una risa suave.
—¿Acaso le crees a mi mamá?
—Tomémoslo como una corazonada —respondió ella con una sonrisa—. La verdad me haría la misma ilusión que fueran niños o niñas.
—Si estás convencida de eso, seguro que así será.
—Si termina siendo cierto, solo espero que el niño no se parezca a ti.
—¿A qué se debe esa preferencia?
—No me gustaría criar a un hijo mujeriego —dijo ella, apresurando el paso para adelantársele.
César se quedó quieto con las manos apoyadas en la cintura, dejando escapar un suspiro de divertida resignación.
Desde el ventanal de la planta alta, Marta los miraba alejarse. En su pecho experimentó una mezcla de profunda emoción y alegría. Sabía que, si Valeria pudiera presenciar ese momento, sin duda se sentiría muy dichosa.
***
***
Al término del encuentro, Lía llamó de inmediato a Elio.
—Señor Cabrera, ya hice entrega de la documentación correspondiente al director Morales. Mencionó que lo analizará detalladamente —dijo con un tono lleno de alegría.
—¡Excelente trabajo! —exclamó Elio con una risotada—. Le agradezco enormemente la gestión. Una vez que este asunto concluya, seremos socios con intereses compartidos.
Lía cortó la comunicación y la amplia sonrisa se le esfumó de la cara en un segundo. Al dar media vuelta, chocó de frente con Nicolás. Del puro impacto, el celular se le resbaló de las manos y cayó contra el suelo.
Él se agachó a recogerlo y se lo extendió con serenidad. En el instante en que ella hizo ademán de tomarlo, Nicolás la miró y le preguntó:
—¿Tienes la menor idea en la clase de asunto en el que te estás involucrando?

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