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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 589

—Es que me preocupaba que cierta persona no te dejara volver —dijo Enzo con sarcasmo, y todos sabían a quién se refería.

César sonrió con amargura.

—Señor Rojas, no se preocupe. Hasta que llegue el día de la boda, respetaré todas las decisiones de Celia.

—Eso espero. —Resopló Enzo, y no olvidó lanzarle una última advertencia—. Ahora te haces llamar "señor Mendoza". Cuando llegue el momento del compromiso, tendrás que pensar muy bien cómo manejar eso de si eres un Mendoza o un Herrera.

César inclinó ligeramente la cabeza en señal de asentimiento y se quedó en el lugar, viendo cómo padre e hija entraban en la villa.

***

Mientras tanto, Lía, Alexander y otros tres compañeros de trabajo cenaban en un reservado de un bar tranquilo. El ambiente parecía muy animado.

—Lía, ¿el prometido de la jefa Sánchez es tu primo? —preguntó una compañera con curiosidad.

Lía dudó un momento y asintió.

—Sí.

—Entonces tu familia no es nada corriente, ¿cierto? Para poder comprometerse con una heredera de los Rojas, también deben pertenecer a la alta sociedad.

El compañero sentado junto a Alexander sonrió.

—¡Claro! Los Rojas son la familia más rica de Ficus. Cualquier persona normal no tendría ni la oportunidad de acercarse a la hija de una familia tan adinerada.

—Qué envidia. Ojalá hubiera nacido en una cuna de oro.

—Eso espéralo para la próxima vida, ¡jajaja!

Lía miró las brochetas en su mano y sintió que perdía el apetito. De repente, se dio cuenta de que, por más que se esforzaba, no terminaba de encajar en el círculo de sus compañeros. Alexander, siempre perceptivo, notó el cambio en su humor e intentó desviar la atención.

—Bueno… ¿y si jugamos a las cartas?

Los otros estuvieron de acuerdo de inmediato. Durante el juego, Lía salió del reservado para pedir más brochetas y bebidas. En cuanto cerró la puerta, el compañero sentado al lado de Alexander le puso una mano en el hombro.

—Ella te gusta, ¿verdad?

Las dos compañeras intercambiaron una mirada y, con la excusa de ir al baño, salieron del reservado. Nada más cruzar el umbral, comenzaron a quejarse.

—Al principio no lo noté, pero resulta que es una presumida. Siempre restregándonos que tiene dinero y que es superior.

—Yo ya me había dado cuenta. Si no fuera porque a veces me trae el almuerzo, ¿quién querría salir con ella?

—Y va de inocente y simpática. ¡Bah! Ese papel de niña rica buena ya lo he visto muchas veces.

Las dos pasaron junto a la barra hablando sin tapujos, sin percatarse de que otros compañeros del instituto también estaban en el bar. Nicolás estaba con ellos.

—¿No son esas chicas de nuestro departamento? —preguntó un colega a otro.

Este asintió con la cabeza.

—Sí. Acabo de ver en redes que Alexander y los demás también están aquí. Ah, y Lía está con ellos.

Nicolás hizo una pausa casi imperceptible al escuchar el nombre, pero siguió bebiendo sin cambiar la expresión de su cara, como si nada de aquello le concerniera.

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