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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 593

Celia guardó silencio un instante, mirándola.

—En realidad, no tengo muchos amigos de verdad. Un par, quizás tres.

Lía se sorprendió.

—¿Tan pocos? ¡Yo en Solestia podría encontrar fácilmente una docena o veinte!

—¿Todos son amigos sinceros?

—Supongo…

Lía no se atrevía a asegurarlo. De pequeña nunca le habían faltado amigos, pero también sabía que gran parte de esa suerte social se debía a su posición familiar.

—En realidad, no sé qué es exactamente un amigo.

Celia se encogió de hombros.

—Es muy sencillo. Un amigo será alguien con quien compartes afinidad sin necesidad de palabras, alguien que vibra en la misma frecuencia que tú. O alguien que te echa una mano cuando lo necesitas.

Lía se quedó pensativa y de repente la miró fijamente.

—Según eso, tú eres precisamente una de esas personas, ¿no?

—¿Qué ayuda te he dado yo?

Lía sonrió.

—En Rivale me acogiste en tu casa, ¡eso cuenta!

Celia le dedicó una mirada llena de cariño, giró la silla y comenzó a ordenar documentos sobre la mesa.

—Si tú crees que sí, entonces sí.

—Si es así… Nicolás también cuenta.

Celia la miró con extrañeza.

—¿Ya se llevan tan bien?

Lía se atragantó, fingiendo mirar hacia otro lado.

—No, siempre es igual. Solo que anoche me echó una mano.

Ben apretó los labios. Tras un largo rato, las manos que había mantenido apretadas se relajaron. Tomó aire profundamente.

—Lo investigaré.

Dicho esto, salió al patio y vio a una figura esbelta estaba de pie bajo un cerezo. Al ver que era Simón, su expresión se ensombreció ligeramente. No hizo ademán de saludarlo y se alejó directamente. Simón lo miró.

—¿Sospechas de Andrés pero no de mí?

Ben se detuvo, pero no se volvió. Simón se acercó, rodeándolo para quedar frente a él. Ante Simón, Ben era más bajo, de complexión más delgada, con el aspecto de un apuesto joven veinteañero lleno de vitalidad. Pero en presencia, no tenía nada que envidiarle a Simón, incluso lograba que la gente olvidara su desventaja en altura. Ben lo miró sin alterar su expresión.

—Aunque sospeche, ¿qué?

Simón sonrió.

—Nada. Solo quería saber si ya has pensado en cómo enfrentarte a mí.

Ben guardó silencio, pero en su mirada se escondía un destello de desconcierto. Simón podría haberse quedado en las sombras, haber utilizado a Andrés como escudo, como hizo con Águila. Pero él prefería salir a la luz… Esa actitud anómala obligaba a Ben a extremar las precauciones y arrugar el entrecejo.

—Tío Simón, si no tiene nada que hacer, podría ir a hacerle compañía a su madre. Recuerdo que ahora no debe estar pasándolo muy bien, ¿cierto?

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