Celia se volvió hacia Nicolás, guardó el celular y sonrió.
—No pasó nada, solo le pedí un pequeño favor a una amiga.
—Bueno… Los resultados de esta nueva ronda de experimentos con el fármaco están listos. Son muy prometedores. Ya podemos pasar a la fase III de los ensayos clínicos. —Nicolás la miró con admiración—. Gracias al líquido cefalorraquídeo que aportaste. Aunque la condición de tu mamá aún no tenga solución…
Celia sonrió con esperanza.
—No importa. Siempre habrá una salida. Al menos ahora logramos un avance, quizás el futuro sea mucho mejor.
Nicolás también sonrió.
—Tienes razón. El futuro será mejor.
Lía, oculta tras la puerta, observó desde lejos a los dos conversando en la terraza. Su intención era saludarlos, pero de repente sintió que aparecer de la nada sería inoportuno... Hizo un gesto de molestia y decidió irse. Iba tan distraída que no vio a la señora de la limpieza que trapeaba el suelo. Tropezó con el cubo, lo volcó y cayó de golpe.
—¡Ay, señorita! ¿Está bien? —La señora dejó lo que estaba haciendo y corrió a ayudarla.
—Estoy bien. —Lía apartó su mano. Tenía ganas de explotar, pero se contuvo. El vestido que llevaba era caro, de marca, le había costado cuatro mil dólares y ahora estaba arruinado por el agua sucia. En otro momento habría montado un escándalo, pero ahora no encontraba fuerzas para desahogarse.
—¿Lía?
Celia y Nicolás, alertados por el ruido, salieron y vieron el vestido empapado de Lía y el cubo volcado. Lo comprendieron todo al instante. Celia se acercó, mientras la señora de la limpieza se apresuraba a explicar:
—Estaba trapeando y la señorita se chocó…


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comments
The readers' comments on the novel: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró