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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 612

César quedó helado. Su voz, ronca por el alcohol, parecía salir con esfuerzo desde lo más profundo de su garganta.

—Celia, lo que más lamento es haberte fallado en esos seis años. Y me he esforzado por cambiar, pero no quiero que todo este esfuerzo termine siendo en vano…

Levantó la mano y rozó con la yema del dedo pulgar el labio inferior de ella, que Celia mordió hasta dejarlo blanco. Fue un gesto delicado, pero cargado de la terquedad surgida por el alcohol.

—Es que… No puedo aceptar ese resultado, Celia.

Ella se quedó quieta. El contacto de César quemaba, y el aroma a whisky la envolvía en ese pequeño espacio. Lo miró a los ojos. En esa oscuridad parecía haber una chispa de esperanza, una mezcla de humildad y obstinación. Él estaba esperando una respuesta.

—César, en realidad ya ganaste, ¿no? —La voz de Celia salió en un susurro—. ¿Hace falta que lo preguntes?

Los ojos de César se volvieron profundos como un pozo bajo la tenue luz. Su nuez se movió y la mano que acariciaba sus labios bajó lentamente hasta el costado del cuello. El pulso bajo sus dedos era errático, y ya no sabía de quién era el corazón que latía con tanta fuerza.

—Solo quería…

—¿Querías que admitiera que todavía siento algo por ti para sentirte mejor? —Celia lo interrumpió con una amarga risa repentina—. Sí, te di una oportunidad porque de verdad pensé en volver a empezar. ¡Te digo que todavía estás en mi corazón y siempre lo has estado! Pero cuando lo admito, ¡siento que mi pasado es un chiste! No sé cómo decírselo a Carlos sabiendo que todavía amo al hombre que causó indirectamente la muerte de sus padres…

Las lágrimas de Celia cayeron de golpe y su voz se quebró. Desvió la cara rápidamente, se secó las lágrimas y recuperó la compostura.

—Lo siento por lo de hoy, no pude mantener el juicio. También bebiste de más. Hablemos otro día.

Se dio la vuelta y salió sin mirar atrás. César no la detuvo. Al cerrarse la puerta, se desplomó contra la pared y se deslizó hasta el suelo. Se cubrió la frente con la palma de la mano; el alcohol no solo le nublaba el juicio, sino que amplificaba cada una de sus emociones: no debió presionarla así.

Capítulo 612 1

Capítulo 612 2

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