Simón observó los campos verdes que la rodeaban, decorados por los últimos destellos dorados del otoño. A las puertas del invierno, el paisaje aún conservaba su esplendor.
—No rechazaré verlo. —Simón retiró la mirada y se rio con desdén—. Después de todo, me consideró su hijo durante décadas. Aunque no me dio la vida, al menos me crio.
—¿Me hablas de crianza? ¿Y así es como me pagas? —La mirada de Ferlín se volvió afilada como un bisturí.
Ella fingió indiferencia y, con las manos en los bolsillos, se alejó unos pasos.
—Ya se lo he pagado. He revuelto tanto el avispero de los Rojas que sus hijos por fin han aprendido a unirse. Si no fuera por mí, usted seguiría lidiando con sus constantes peleas. Eso sí que le daría dolor de cabeza.
—¿Entonces debería darte las gracias? —Ferlín también se rio con sarcasmo antes de recuperar la seriedad—. Lo que sugieres es que, el verdadero problema de los Rojas, la causa de la discordia entre mis hijos, eran Andrés, Águila y Mirasol, ¿cierto?
Simón guardó silencio.
—Aunque sea viejo, no soy tonto. —Los dedos de Ferlín acariciaban su bastón con parsimonia—. Sabía hace tiempo que Andrés y Águila se acercaban a Mirasol por puro interés. No tienen suficiente habilidad para amenazar mi poder. Y a Mirasol la conozco bien. Sin mí, no es nada. Ese tipo de mujer es fácil de manejar con dinero. Llevaba años a mi lado sin atreverse a mover un dedo. Entonces, ¿cuándo empezó a cambiar?
Ferlín la miró fijamente, dejando clara su sospecha.
—Aparentemente, alguien en la sombra la azuzó despertando en ella una codicia que no debía tener.
Simón sonrió con desdén.
—Ella ya era codiciosa por naturaleza. ¿Acaso necesitaba que otros la empujaran?
—Lo era, pero no tenía el valor. —Ferlín no se inmutó—. De lo contrario, lo habría intentado nada más casarse conmigo. Si no eras su hija biológica, ¿para qué se arriesgaría por ti? Si yo fuera ella, tener a un hijo ajeno a mi lado solo sería un estorbo.
—¡No entiende nada! —exclamó ella—. Ella usaba mi identidad como su sexto "hijo" para vivir en la opulencia. ¡Mientras yo estuviera en la familia, ella tendría asegurado su lugar!
—Y la usaste también a ella, ¿no es así? ¿Me vas a decir que no tuviste nada que ver con el lío entre ella y Andrés? —Ferlín golpeó el suelo con fuerza con su bastón.
Simón alzó la voz y golpeó la mesa de piedra con ambas manos. Los guardaespaldas se tensaron al instante, listos para intervenir.
—¡Viejo, no olvide que tengo a su nieto en mi poder! ¿De verdad cree que no voy a matarlo?
—Pues hazlo —respondió Ferlín sin un segundo de duda.
Simón apretó los dientes y sonrió con malicia.
—Es porque tienen infiltrados entre mis hombres, ¿cierto?
Al ver que el anciano no respondía, confirmó sus sospechas. Se echó a reír y sus carcajadas siniestras resonaron en ese campo apartado.
—Ya lo sabía hace mucho. Pero no importa, hay algo que ellos no saben. —Inclinó la cabeza con expresión provocadora y añadió—: Instalé algo especial en la casa. Nada importante… Son solo unos cuantos artefactos explosivos.

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