En el auto, Celia se sentía sumamente intranquila. No tenía idea de cómo se encontraba César en ese momento ni a qué tipo de dilemas se estaría enfrentando. Tomás la observó a través del retrovisor e intentó consolarla.
—Señora, no se preocupe por el jefe. Él no le tiene miedo a nada en este mundo. ¡Esos reporteros no van a poder torcerle el brazo!
Celia bajó la mirada y guardó silencio. La aparición de estas personas había sido un hecho demasiado oportuno. Era como si hubieran sabido exactamente lo que iba a suceder de antemano.
Cuando las cosas resultaban tan oportunas, se asemejaban mucho más a una conspiración.
—Tomás, ayúdame a investigar a un hombre llamado Julián Bravo. Trabaja en la misma empresa que Carlos —ordenó Celia tras recuperar la calma.
Tomás, quien iba al volante, aceptó de inmediato.
—¡Copiado! ¡Mañana mismo le daré los resultados!
***
Por otra parte, un compañero de trabajo de Carlos se encontraba en el área de fumadores del pasillo hablando del asunto con los empleados de otros departamentos. Al enterarse de la noticia, los demás mostraron una gran sorpresa.
—¿Es en serio? ¿Carlos se acostó con una menor de edad?
—Se lo llevaron a la delegación desde la mañana. ¿Cómo va a ser mentira?
—Me apareció el video en redes sociales, ¡caray! Su hermana es jodidamente hermosa.
—Por cierto, Julián, ayer te fuiste con Carlos, ¿verdad? —Alguien le preguntó de imprevisto.
Todos los que estaban congregados ahí levantaron la cabeza para clavar la mirada en Julián, quien se encontraba fumando un cigarrillo. Él desvió la cara por puro instinto.
—No tengo idea...
—¡Julián!
En ese momento, Silvia caminó directamente hacia él.
—Tú te encargaste de llevarlo de vuelta a la habitación. Se supone que estaban juntos. ¿Por qué dices que no tienes idea?
Ante los cuestionamientos de Silvia, los demás adoptaron una postura de meros espectadores para disfrutar del alboroto. Julián, sumamente molesto, apagó la colilla del cigarrillo.
—Sí, lo acompañé a retirarse ayer, pero a mitad del camino se fue por su cuenta. ¿Cómo sabría que él terminaría en un hotel?
—Él ya estaba muy borracho. ¿Cómo podía irse por su cuenta? —Silvia se negó a creerle.
Julián apretó los puños con fuerza, sintiendo que el coraje se le atoraba en el pecho. Alguien captó la tensión del momento y de inmediato intervino para explicarle a Silvia:
—Silvia, no es la primera vez que Carlos bebe con nosotros. Todos conocemos el nivel que aguanta. Con lo poco que tomó ayer, no debió estar en ese estado de ebriedad, ¿no crees?
—Excelente, te moviste con mucha rapidez.
Tomás sonrió con orgullo.
—¡Claro! Si puede elogiarme frente al jefe para que me dé un aumento de sueldo, ¡sería mejor!
Celia examinó la grabación correspondiente a las once y media de la noche. Carlos se veía totalmente alcoholizado y Julián lo llevaba sosteniéndolo del brazo para poder avanzar. Al llegar a una intersección, los dos subieron a un taxi.
El taxi avanzó una cierta distancia y, de imprevisto, se desvió por un callejón repleto de tiendas de conveniencia, locales de comida rápida y varios hostales pequeños.
Cerca de las dos de la mañana, Julián apareció por última vez en las grabaciones de seguridad tras regresar a las inmediaciones de su departamento. En ese lapso, Carlos ya no se encontraba con él.
—¿Por qué no hay grabaciones de seguridad del hotel? —Celia levantó la mirada para interrogarlo.
Tomás le respondió:
—En esa zona abundan los hostales y hoteles pequeños, y la mayoría no operan de manera muy legal. En apariencias tienen cámaras instaladas, pero siempre argumentan que están descompuestas o apagadas.
De pronto se acordó de algo, tomó la tableta y señaló un punto en el video.
—El lugar donde bajaron del taxi es justo frente a ese local de lavado de autos. Ya investigué la zona. Enfrente hay dos hoteles pequeños de baja categoría, y da la casualidad de que en uno de ellos las cámaras llevan meses descompuestas. Entré a preguntar sobre el registro de huéspedes, y la habitación estaba registrada a nombre de la muchacha.

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