La universidad de Salma quedaba bastante cerca del instituto, a solo unos pocos minutos de trayecto. Entre citas y encuentros casuales, Celia y Salma habían construido un vínculo especial, una especie de complicidad que surge de manera natural cuando dos personas se reconocen mutuamente.
Celia la fue conociendo poco a poco. Salma provenía de Rivale; tanto su padre como su abuelo se desempeñaban como profesores en la prestigiosa universidad de esa ciudad. Su madre, abogada de profesión, había tomado la decisión de dejar la carrera para dedicarse de tiempo completo al cuidado de la familia. Sin ser una familia de grandes riquezas, vivían con bastante holgura y la querían profundamente.
Por esa razón, cuando ella manifestó su deseo de estudiar arte, sus padres no dudaron en apoyarla para que viajara al extranjero. Y con la intención de no cargarlos con los gastos, Salma se costeaba los estudios realizando diversos trabajos de medio tiempo.
Tal vez porque veía en ella un claro reflejo de su propia juventud, Celia sintió que había encontrado a alguien con quien compartía mucho más que su ciudad natal: una amistad que parecía haber estado esperando mucho.
Mientras tanto, Ben se encontraba en el salón con su computadora portátil, manteniendo una videollamada con Jacob, quien le informaba detalladamente sobre los asuntos de la empresa. En cuanto terminó la reunión y cerró el aparato, Celia iba ingresando a la propiedad.
—¿Has estado todo el día fuera? —preguntó él, girándose en su asiento.
—No lo digas como si estuviera vagando. Estuve cenando con Salma, que es un verdadero encanto —respondió Celia, dejando su bolso de lado para sentarse justo a su lado.
Ben se cruzó de brazos, con el entrecejo ligeramente arrugado.
—Con su compañía, parece que ya no me necesitas.
—No confundas las cosas —replicó Celia, arrimándose a él con cariño—. Tú eres mi hermano. Salma, por su parte, es la primera amiga que he logrado hacer en este lugar.
—¿De verdad ya la consideras tu amiga?
Celia asintió con la cabeza.
—Ojalá la hubiera conocido muchísimo antes —comentó. Luego su expresión se tornó seria—. ¿Sabías que es originaria de Rivale? Su padre es profesor en la universidad de allá. Pensar que viví en Rivale un tiempo y jamás coincidí con ella... Es una verdadera lástima.
Ben, recostado cómodamente en el sofá, no dio muestras de impaciencia.
—¿Y eso qué tiene de relevante?
—Nada en especial, solo era un comentario —respondió Celia, levantándose para dirigirse hacia la cocina—. Salma está pasando por un momento realmente difícil. Estudiar y trabajar al mismo tiempo para costearse una carrera en el extranjero no es una tarea sencilla para nadie. Y para colmo, su arte todavía no logra triunfar. Debe ser una situación sumamente dura para ella.



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