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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró novel Chapter 597

—Desperté hace rato. Como te vi tan dormida, no quise molestarte. —Enzo dobló el periódico y miró a César—. Joven, tienes mucha paciencia, la verdad.

César sonrió.

—Lo tomaré como un cumplido, señor.

Celia se llevó la mano a la frente. No esperaba esa situación causada por su siesta…

—Papá, ¿tienes hambre? ¿Quieres que te compre la cena?

Antes de que Enzo pudiera responder, César se adelantó.

—Ya encargué la cena. Podemos pedir que la traigan en el momento que queramos.

—¿Tan rápido? ¿Y por qué no estoy enterada? —preguntó ella, extrañada.

Enzo puso una cara de desdén fingido.

—Tú, que dormías como un tronco, ¿cómo ibas a saberlo? Si te esperamos para cenar, ya me habría muerto de hambre aquí mismo.

Celia esbozó una sonrisa incómoda. César hizo una llamada y, al poco tiempo, llegó el pedido. Por el logotipo de las bolsas, parecía un menú saludable de un restaurante de alta categoría. Enzo lo miró.

—Vaya, qué buen detalle. Y encima es bajo en sal y grasas. Gracias.

César respondió con naturalidad:

—Mi abuela también sufre de hipertensión. Siempre cuida mucho su alimentación, así que algo entiendo del tema.

Al mencionar a Valeria, Celia bajó la mirada. No sabían bien en qué pensaba, pero Enzo se fijó en el sutil cambio. Reflexionó unos segundos mientras sorbía la sopa y luego le dijo:

—Cuando se hayan comprometido, ve a visitar a la señora Valeria.

Celia se sorprendió. César también se sobresaltó por la inesperada propuesta.

—¿Qué pasa? ¿No quieres ir? —continuó Enzo—. Estarás prometida. Si no vas, los Herrera dirán que eres una desagradecida. Quedaríamos muy mal ante ellos.

Aunque lo dijo con un tono despreocupado, estaba claro que ya aceptaba a César como parte de la familia. César contuvo la euforia que le bullía por dentro y respondió con voz firme:

—No hay prisa. Esperaremos a que usted se recupere primero.

Enzo no dijo nada más, concentrado en su cena.

Ya muy entrada la noche, Jacob llegó al hospital para cuidar a Enzo por parte de Ben. Dijo que Ben seguía en la oficina. No solo él, sino todo el departamento financiero estaba trasnochando para revisar las cuentas del año anterior.

—¿Estás segura de lo que dices?

—¿No quieres que vaya? —Celia hizo amago de darse la vuelta—. Entonces me meto a la casa…

Al instante, él le sujetó la mano y la atrajo hacia sí. Su voz era ronca.

—No es que no quiera. Es solo que… temo que te arrepientas mañana.

Celia bajó la mirada y murmuró:

—Ahora el que está de indeciso eres tú.

Él sonrió sin decir nada más.

De vuelta al hotel, César la llevó a la habitación principal, pero él no entró. Se quedó en el umbral de la puerta y le dijo:

—Duerme aquí. Iré a la habitación de invitados.

Antes de que Celia pudiera reaccionar, César cerró la puerta y se retiró, como si temiera que, de quedarse un segundo más, perdería el control o ella cambiaría de opinión.

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