Simón se detuvo junto a la ventana, con la mirada perdida en el crepúsculo.
—Ben, ¿sabes por qué odio tanto a Mirasol?
Sin esperar respuesta, se giró. El reflejo del vino bailaba en sus ojos.
—No es solo porque no sea mi madre. ¿Sabes qué? Ella era estéril. Para meterse en la familia Rojas y disfrutar del poder, se acercó a mi verdadera madre con el único fin de robarle al bebé que llevaba dentro.
Simón apretó la copa entre sus dedos.
—A día de hoy, ni siquiera sé el nombre de mi madre biológica. Solo sé que era extranjera. Estaban en el mismo hospital y Mirasol sobornó a los médicos para que le abrieran el vientre diez días antes de la fecha prevista, solo para que mi nacimiento coincidiera con sus planes. Mi madre murió en el quirófano por una sobredosis de anestesia. Pudo haber vivido, Ben, pero Mirasol lo hizo pasar por un accidente médico para no dejar cabos sueltos.
Simón mostró una sonrisa siniestra y cruel, con un odio que parecía no tener fin.
—A Ferlín solo le importaba tener un heredero reconocido. ¡Le daba igual quién lo hubiera parido! Aunque mi madre murió en la cirugía, ¡él ni siquiera movió un dedo para investigar!
Se inclinó hacia Ben, apoyando las manos en los reposabrazos de la silla.
—Esperé años el momento oportuno para ganarme su confianza y, cuando más me valorara, asestarle un golpe mortal.
Ben no se amedrentó. Al contrario, se inclinó hacia adelante hasta que casi rozaron sus narices.
—Pero no lo hiciste.
Simón se perdió en sus pensamientos por un momento. Se enderezó y se alejó de espaldas a él, apretando los puños con fuerza.
—Cuando descubrí lo de Andrés y Mirasol, cambié de idea. Convencí a Andrés para que involucrara a Águila, para que todos creyeran que estábamos en el mismo bando. Mirasol confió en mí y esperó pacientemente para quedarse con todo. En realidad, esto debería haber terminado hace seis meses.
—Fue porque mi padre trajo a Celia de vuelta a la familia y tuviste que retrasarlo todo —dijo Ben.
Andrés pasó dos días en la UCI antes de que sus constantes se estabilizaran. Tuvo mucha suerte y pudo sobrevivir. Sin embargo, durante esos dos días, no había ni rastro de Simón ni de Ben. Enzo caminaba de un lado a otro en la sala de la casona, desesperado por alguna noticia. Al verlo así, Flora se dirigió a Ferlín.
—Padre, ¿sería mejor dejar que la policía intervenga?
Ferlín arrugó el entrecejo, pero no respondió.
—¡No podemos precipitarnos! —exclamó Enzo, dándose la vuelta.
—Pero cada minuto que pasa es un riesgo para Ben.
—Lo sé. —Enzo se quedó frente al ventanal, mirando el jardín—. Esperemos a ver qué dice Miguel.
Flora guardó silencio. En ese momento, Celia entró en la sala acompañada de Jacob. Todas las miradas se posaron en ella.

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