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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 616

Enzo se sorprendió y se acercó a ella de inmediato.

—Celia, ¿qué haces aquí? Te dije que esperaras en casa, ¿no?

—Papá, vine porque tengo algo importante que decirles sobre… Simón.

Celia les contó todo. Si ya era impactante saber que Simón no era hijo de Mirasol, lo que vino después fue demoledor: Simón no era un hombre.

Al descubrir que su hermano menor era en realidad una hermana, Flora y Enzo quedaron mudos, incapaces de reaccionar. En cuanto a Ferlín, su cara se cubrió con una expresión sombría y pasmosa. La taza que estaba en su mano se rompió y las piezas se esparcieron por el suelo. Había vivido casi toda una vida, pero terminó humillado de esa forma por una mujer: Simón no era su hijo. Y para colmo, ni siquiera era un varón. Era una broma de pésimo gusto.

Flora fue la primera en recuperar el habla.

—¿Una mujer? ¿Y nadie se dio cuenta en todos estos años?

—Toma medicamentos para ocultar sus rasgos. Si no me equivoco, Mirasol la obligaba a consumirlos por miedo a que se descubriera la verdad —explicó Celia.

Enzo tomó el aire profundamente. Ahora entendía por qué Celia le había preguntado si Simón le parecía femenino. ¡Y vaya si lo era!

—Esto es absurdo… —murmuró Flora.

Ella había visto mil intrigas, pero nunca imaginó una crueldad así… ¡Mirasol incluso forzó a una niña a hormonarse! Ahora, la muerte de Mirasol no le despertaba ni un gramo de lástima.

—Pero si ella sabía que no era una Rojas, ¿por qué tanto odio contra nosotros?

La pregunta de Flora sorprendió a Celia y esta última miró instintivamente a Ferlín.

Celia no respondió. Miró hacia la casona, cuya silueta se volvía sombría bajo el crepúsculo. Recordó los ojos de Simón. Eran hermosos, pero cargaban con una melancolía que no encajaba con su edad.

—Si hubiera sabido desde niña que no tenía nada que ver con los Rojas, su odio se limitaría a Mirasol, quien cambió su destino y la obligó a tomar las medicinas. Pero si tomó a Ben como rehén, no es para atraer a Miguel, a Flora o a mi padre. Mi hermano es el nieto más querido del abuelo. Su objetivo siempre ha sido él.

Jacob contuvo el aliento.

—¡Tengo que avisar al señor Miguel!

Jacob se adelantó mientras Celia aprovechaba para ver a Lluvia. Lo ocurrido en el cementerio debió ser un golpe devastador para ella. Al llegar, la empleada le contó que Lluvia llevaba dos días encerrada en su habitación, casi sin comer.

Celia entró en el dormitorio. A pesar de ser de día, estaba tan oscuro que no se veía nada. En cuanto la empleada descorrió las cortinas, Lluvia se estremeció. Estaba acurrucada entre las sábanas, como si fuera un cascarrón vacío al que le hubieran arrancado el alma.

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