—¿Ya se fue? ¿Qué quieres decir con eso? —Tomás quedó petrificado.
Carlos tomó aire y respondió con seriedad:
—Se fue a Ficus a pasar las fiestas. —Sin darle tiempo a Tomás para reaccionar, añadió de inmediato—: Ya no hace falta que vengas aquí todos los días. Celia ya no está, así que no tienes por qué seguir vigilando la casa.
Dicho eso, entró en casa y cerró la puerta. Tomás se quedó de pie en el patio, atónito. Al final, soltó un grito lleno de frustración:
—¡Mierda! ¿Por qué no me lo dijiste antes?
Entonces, ¿para qué demonios había llevado a la doctora…?
La mujer, a su lado, no dijo nada. Él la guio de vuelta al auto y, de repente, se volvió hacia ella.
—Oye, ¿recuerdas a ese chico? ¿Lo viste antes en alguna parte? ¿Te resulta conocido?
Ella negó con la cabeza.
—Está bien, entonces nos vamos. Quería presentarte a Celia, pero ya no se va a poder —murmuró Tomás y arrancó el auto.
***
Mientras tanto, César se encontraba en el vestidor eligiendo minuciosamente la ropa y el reloj que usaría esa noche. De repente, su celular comenzó a sonar. Tomó un alfiler de corbata y lo probó sobre el cuello de la chaqueta mientras contestaba la llamada.
—¿Qué pasa?
—Es del hospital, jefe. Su madre acaba de despertar.
César se detuvo por un instante y luego dejó de un lado el alfiler.
—Voy para allá.
***

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