Salma no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Protector? ¡Pura imaginación suya! Antes de que pudiera responder, Ben intervino con serenidad.
—Es amiga de mi hermana. Y, por cierto, las dos mujeres que Tristán secuestró eran justamente ellas.
Valentino quedó completamente mudo. Pensaba que Ben se había metido por capricho, ¡pero resultaba que Tristán había sido el primero en provocar a la familia Rojas!
Ben, sin esperar a que reaccionara, se volvió hacia Salma.
—Vámonos, vamos para el mismo lado.
Ella entendió de inmediato que la estaba ayudando a salir del apuro, así que asintió y caminó hacia él para irse juntos. Tras dar unos cuantos pasos, Ben se giró un poco y le clavó una mirada amenazante a Valentino.
Él sintió que las palmas de las manos se le humedecían por el sudor. Conocía muy bien esa mirada: era una advertencia para que no se atreviera a hacer nada estúpido. Con razón el idiota de Tristán había caído en su trampa.
***
Cuando llegaron al estacionamiento, Salma miró hacia atrás para confirmar que Valentino no los estuviera siguiendo. Recordando la cara de shock que ese tipo había puesto al ver a Ben, no pudo evitar preguntar:
—¿Se conocían desde antes?
Ben le abrió la puerta del copiloto mientras le explicaba:
—Fuimos compañeros en la secundaria.
Salma se sorprendió bastante y subió al auto. Cuando él se acomodó al volante, ella agregó, mirándolo:

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