Salma lo miró con sorpresa. Aparte de su padre, era la primera vez que un hombre le decía algo así. De hecho, sus palabras habían sido una especie de prueba. Si él hubiera respondido de manera ambigua, habría dudado de sus intenciones. Pero, para su alivio, él no era como los demás.
Lo que Salma no sabía era que cada una de las palabras de Ben era sincera. Él se dio cuenta de que ella era sensible. También que ella debería ser segura de sí misma y que no tendría por qué sentirse incómoda con su apariencia. Aunque sus palabras habían sido un consuelo, su verdadera intención era que ella dejara de preocuparse por lo que los demás pensaran. Al verla aliviada y tranquila, esbozó una sonrisa.
***
Celia se había acostado muy tarde la noche anterior. Por la mañana, después de revisar los datos que Michelle le había enviado, se quedó dormida de nuevo en el sofá. Estaba tan cansada que apenas oyó que alguien la llamaba. Al abrir los ojos, vio una figura borrosa frente a ella. Por puro instinto, se apoyó en el pecho del hombre y le rodeó el cuello con los brazos.
—César, eres un desgraciado —murmuró entre sueños.
Él se quedó completamente quieto, no se atrevió a hacer el más mínimo movimiento. Ella estaba embarazada y no quería arriesgarse a que se lastimara.
—Jefe, la señora estaba dormida —comentó Tomás, que permanecía de pie a un lado.
Al oír una voz ajena, Celia abrió los ojos de golpe y se encontró con la mirada de César.
—¿Dormiste bien? —preguntó él con voz suave.
Ella lo miró a él, luego a Tomás, quién la saludó con una sonrisa cordial. Cuando finalmente confirmó que estaba en la casa de Salma, se alivió profundamente.
—¿Cuándo llegaron? —dijo, todavía un poco aturdida—. ¿Me quedé dormida?
—Obviamente, ¿no? —respondió César, acomodándose la camisa arrugada por el agarre de Celia—. Toqué el timbre varias veces y nadie abrió. Si la puerta no hubiera estado entreabierta, habría tenido que meterme por la ventana.
—Sí, señora, el jefe estaba súper preocupado —añadió Tomás.
Celia se incorporó en el sillón.
—Solo tenía algo de sueño y me venció el cansancio. —De repente, recordó algo y lo miró fijamente—. Pero, ¿cómo entraron el patio? Estoy segura de que la reja del jardín estaba cerrada con llave.


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