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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 621

Cuando ese pensamiento cruzó su mente, Lía se sorprendió. ¿En serio solo quería que César y Celia se reconciliaran? ¿O acaso…?

—¿Qué te pasa? —Celia notó su gesto y preguntó con preocupación.

—Ah, pues, nada… Bueno, aquí te dejo —respondió ella mientras se alejaba a toda prisa con los documentos.

"¡Qué idea más asquerosa!", pensó ella.

Al pasar por la oficina de Nicolás, escuchó voces. Alexander estaba informándole a Nicolás sobre algún asunto de trabajo. A través del cristal, ella miró hacia adentro. Nicolás se sentó en un amplio sillón de piel, hojeando un documento. Arrugaba suavemente el entrecejo, escuchando con concentración y seriedad.

"Cuando trabaja, me resulta tan agradable a la vista…"

De repente, Nicolás levantó la cabeza y clavó la mirada en ella. En ese instante, Lía sintió que sus pies se pegaban al suelo. El corazón le golpeaba con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir del pecho. Apartó la mirada de inmediato y salió huyendo como si la persiguieran. No se detuvo hasta llegar a un rincón, donde se apoyó en la pared para recuperar el aliento.

Esa sensación… No había duda: se había enamorado de él…

***

Al mediodía, Celia acompañó a César al hospital para visitar a Andrés. Fuera como fuera, era su tío y era lógico ir a visitarlo, pero la presencia de César la intrigaba. Celia lo miró y le preguntó:

—No creo que vengas a visitar a mi tío por cortesía, ¿o sí?

Él sonrió.

—Bueno, tienes razón. No solo vine por eso.

—¿Entonces qué más?

—Vine a cerrar un asunto. —César abrió la puerta de la habitación.

Andrés se sorprendió al verlos.

—Ustedes… ¿por qué vinieron? —preguntó con voz ronca.

Antes de que Celia pudiera decir algo, César se adelantó.

—Supongo que ya sabe quién soy, así que no le voy a ocultar nada más.

—¿Macarena estuvo en Ficus y se reunió con mi tío? ¿Ya saben quién eres?

—Sí. Por eso esta identidad no me servirá por mucho tiempo. —Él se detuvo y la miró de frente—. Es hora de decírselo a los Rojas.

Celia guardó silencio, pero lo acompañó a la casona. Le preocupaba que su familia pusiera objeciones, pero resultó que sus temores eran infundados. Cuando Ferlín supo la verdad, su expresión apenas varió.

—Ya debería habérmelo imaginado. —Ferlín dejó la taza sobre la mesa y observó a César con serenidad—. Sea quien sea, el proyecto en el extranjero que Miguel logró fue gracias a usted. Los Rojas le debemos la mitad de ese éxito. En cuanto a quién es en realidad… Ya no me importa que nos haya ocultado su nombre.

César sonrió con respeto.

—Gracias por su comprensión.

—Pero… —Ferlín sonrió de repente, marcando las arrugas en las comisuras de sus ojos—, si no se han divorciado, sigue siendo el esposo de Celia, ¿no? Entonces, lo del compromiso…

César dejó su taza de café y miró a Celia, que estaba visiblemente tensa.

—Hay que celebrarlo como lo planeado —respondió él con calma.

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