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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 731

Desde que se supo que Rocío estaba detenida e incomunicada, la familia Herrera se vio sumida en una polémica sin precedentes durante tres días consecutivos.

Primero la división de la herencia, luego el escándalo de Lola como hija ilegítima, y ahora la muerte de Macarena junto a la detención de Rocío. Los Herrera no salían de una noticia cuando ya estaban metidos en otra. El trabajo de Víctor también se vio afectado. Suspendieron temporalmente todas sus actividades en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los rumores relacionados a la familia no hacían más que crecer. Aunque el departamento de relaciones públicas conseguía eliminar algunos titulares, siempre aparecían otros nuevos, como si una mano invisible estuviera avivando el fuego.

Mientras tanto, en el segundo piso de una cafetería, una mujer observaba a los transeúntes desde la ventana, haciendo girar entre sus dedos una taza que tintineaba suavemente al rozar el platillo.

—Como ve, todo va mejor de lo que esperábamos —dijo un hombre de mediana edad sentado frente a ella, deslizando un periódico sobre la mesa. El titular principal era sobre la suspensión de Víctor—. Víctor está ocupado atendiendo sus asuntos. Si avivamos un poco más el fuego, César Herrera no va a poder sostener solo a toda la familia.

Olivia soltó una risita seca, se llevó la taza a los labios y dio un sorbo con calma.

—Los Herrera tienen raíces profundas. Si estas pequeñas tormentas pudieran derribarlos, no habría esperado tantos años. Pero —levantó la cabeza y clavó sus ojos en el hombre—, usted es uno de los fundadores de El Valle Dispositivos Médicos. Valeria le dio el puesto que tiene. ¿No le preocupa que César termine descubriéndolo?

El hombre pasó el pulgar por el borde de la taza y su cara se ensombreció.

—¿Y de qué me servía que me ascendiera? Ahora no soy más que un subordinado del inútil de David. Yo creía que ella era sensata, que pondría la empresa en manos de alguien que supiera dirigirla. Aparte de mí, nadie en la familia Herrera entiende de desarrollo farmacéutico. Ese imbécil de David, aprovechándose de la posición de su madre, me daba órdenes y me humillaba. Hace tiempo que quería acabar con él.

Tomó aire profundamente, y tomó un sorbo de café antes de continuar.

—Pero no esperaba que, antes de morir, le cediera la empresa a César. Y encima, ¡pidió que la empresa colaborara con un equipo nuevo de Ficus! ¡Qué ridículo! —dijo, y se bebió el café de un trago. Después de desahogarse, se calmó—. Por suerte, con los años coloqué a gente de mi confianza en los puestos clave. Aunque César investigue, solo encontrará a los chivos expiatorios. No sabrá nada de mí. Además, ya preparé un plan de emergencia. Si llega el caso, tengo una última carta bajo la manga.

***

En la residencia de los Sánchez, sonó el celular de Celia. Era una llamada de Ben. Ella se acercó a la ventana para contestar.

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