Celia se tensó un poco. Desvió la mirada de forma instintiva.
—Puede que haya estado comiendo demasiado últimamente…
Él emitió un suave asentimiento y sus dedos rozaron su mejilla con suavidad.
—Así está bien.
—¿En serio?
—Pregúntale a tu hermano.
Carlos, que estaba sentado al otro lado de la mesa, no se atrevió a emitir una sola palabra. Se limitó a asentir con la cabeza. Celia le respondió casi en un susurro:
—¿Y si un día engordo como un cerdo?
César la miró fijamente a los ojos.
—Seguro que serías una cerdita muy bonita.
Carlos no pudo evitar soltar una risita al escucharlo y bajó la cabeza, aguantándose las ganas de reír a carcajadas. Nunca imaginó que él pudiera dar ese tipo de "halagos". Celia lo fulminó con la mirada, se enderezó en su asiento y murmuró entre dientes:
—Eres un adulador.
—Ojalá tuviéramos un hijo —dijo César de repente.
Al escucharlo, Carlos y Celia casi se caen de sus sillas. Se miraron el uno al otro y luego volvieron la cabeza hacia César con rapidez.
"¿Lo está diciendo a propósito? ¿O ya se habrá dado cuenta de algo?"
Celia, conteniendo la creciente curiosidad, lo sondeó con cautela.
—¿Por qué dices eso?
César respondió con seriedad:
—Para darle un nieto a mi padre. Así podré convertirme en un yerno de los Sánchez y vivir con ustedes sin ningún problema.
Carlos se atragantó en el acto, bajó la cabeza y se concentró en terminar su comida. Tenía la impresión de que no debía estar escuchando esto… Celia también quedó sin palabras.
***
Por la tarde, en su oficina, Nicole acababa de colgar el teléfono. Al ver a César salir del ascensor, se apresuró a alcanzarlo.
—Jefe, la policía aún no ha encontrado el celular de Macarena. Siguen buscando en la zona. Seguramente, ahí habrá alguna pista sólida.
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