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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 690

En su propia casa, David arrojó el celular sobre la mesa y miró a Macarena con un semblante serio.

—¿Qué demonios significa todo esto?

Macarena tomó el celular y, a medida que leía el contenido de la pantalla, su expresión cambió de forma paulatina. No le preocupaba las amenazas de Julián, ¡pero se sentía enfadada porque ese infeliz pretendiera arrastrarla con él!

—¿Así que tú fuiste la que organizó la trampa contra el hermano de Celia? Te advertí que no me buscaras problemas en este momento. ¿Acaso te entró por un oído y te salió por el otro? —reprochó David con evidente fastidio.

Macarena, sintiéndose aún más irritada, le devolvió el celular con brusquedad.

—Es que tenía la fuerte sospecha de que Celia estaba embarazada y solo quería darle una buena advertencia para mantenerla a raya. Quién iba a imaginarse que…

David arrugó el entrecejo.

—¿Entonces no está embarazada?

—Si realmente lo estuviera, ¿crees que César no lo sabría? Además, ni siquiera la familia Rojas ha mostrado la menor reacción al respecto. Todo parece indicar que solo fue una falsa alarma.

David meditó en silencio durante unos segundos y luego se puso de pie con indiferencia.

—Como sea, encárgate de resolver lo de las noticias.

En cuanto David subió las escaleras, la expresión de Macarena se ensombreció por completo. Tenía que encontrar la manera de hacer callar a Julián de forma definitiva lo antes posible.

***

Mientras tanto, a las afueras de la delegación, Carlos por fin cruzó las puertas tras ser puesto en libertad. Celia lo aguardaba de pie junto a su auto. Él se sorprendió al verla y comenzó a aproximarse hacia ella con paso lento y titubeante.

—Celia…

Ella le dio un cálido apretón en el hombro.

—Estás mucho más delgado. Debieron ser unos días sumamente difíciles para ti ahí adentro.

Carlos bajó la cabeza, abrumado por la culpa. Tras un prolongado silencio, articuló con la voz entrecortada:

—Celi, lo siento mucho, de verdad.

—¿Por qué habrías de disculparte conmigo? —preguntó ella, un tanto desconcertada.

—Todo esto pasó por mi culpa. Terminé por perjudicarte. Jamás se me pasó por la cabeza que Julián sería capaz de traicionarme... No logro entender qué fue lo que le hice para que me odiara así. Él era mi mejor amigo…

La voz de Carlos se quebró y sus hombros comenzaron a temblar por el llanto contenido.

—¡Este es mi problema con esta infeliz! ¿A ustedes qué demonios les importa?

—Señorita, si insiste en mantener esa actitud violenta y destructiva, tendremos que llamar a la policía —advirtió el gerente.

—¡Este restaurante es una completa porquería! ¡Ni crean que pienso quedarme un segundo más en este lugar de mala muerte!

Dicho esto, Rocío salió del reservado hecha una furia, caminando a pasos agigantados sin percatarse de la presencia de Celia ni de Carlos. El escándalo había sido de magnitudes considerables. Carlos siguió a Rocío con la mirada hasta que la vio desaparecer.

—Esa mujer es Rocío, ¿no?

Celia no dijo nada y fijó sus ojos en la entrada del privado. En cuanto los empleados terminaron de recoger los destrozos y salieron del lugar, una persona apareció en el umbral. Era la misma muchacha que había visto en la gala benéfica. Sin embargo, en esta ocasión vestía de manera sumamente sencilla, sin ninguna prenda de marca, y el bolso que cargaba no era de ninguna marca de lujo. Incluso sus tenis blancos, aunque se notaba que estaban recién lavados, conservaban un par de manchas imposibles de quitar. Al verla caminar hacia el pasillo, Celia se volvió hacia Carlos.

—Voy al baño.

Se puso de pie y la siguió discretamente.

Alicia se detuvo frente al elevador esperando a que subiera. Fue en ese instante cuando alguien a sus espaldas la llamó por su nombre. Se quedó algo desconcertada y, al darse la vuelta y encontrarse cara a cara con Celia, la sorpresa se pintó en sus facciones. Por puro instinto, desvió la mirada de inmediato.

—Usted… ¿necesita algo de mí?

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