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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 700

Una vez acordados detalladamente los pormenores del compromiso y en cuanto los Suárez se fueron, el mayordomo de la casa se aproximó.

—Señor, la señorita no regresó a dormir anoche. Finalmente logramos localizarla…

La cara de David se ensombreció de manera súbita.

—¿En dónde demonios está?

—En las instalaciones de un hotel. Se encontraba acompañada por… —El empleado guardó silencio, no se atrevió a continuar.

Sin embargo, David adivinó de inmediato el significado de sus palabras. Conocía a la perfección la clase de porquerías que solían rondar a su hija. En realidad, él no era un anciano de mentalidad anticuada. Era consciente de que los adultos, ya fueran hombres o mujeres, tenían derecho a divertirse. Mientras no provocaran un escándalo público que afectara el apellido, él estaba más que dispuesto a hacerse de la vista gorda.

El gran problema era que, estando a escasos días de que se celebrara la fiesta oficial de compromiso, ¡su propia hija se atreviera a actuar de una forma tan imprudente! David hizo un esfuerzo monumental por contener la ira que lo quemaba por dentro.

—Ve a buscarla de inmediato personalmente. Y asegúrate de que ningún periodista o paparazzi te descubra en el proceso.

El mayordomo asintió con la cabeza respetuosamente.

—Entendido, señor.

***

El auto llegó al hotel justo en el instante en que Rocío salía del elevador. Apenas había puesto un pie en el vestíbulo principal cuando se topó de frente con el mayordomo, quien ya venía a su encuentro.

Al llegar de regreso a la mansión, lo primero que vio nada más cruzar el umbral de la puerta fue a David, quien la esperaba de pie con el entrecejo severamente arrugado.

—De todos modos, regresaría a casa. ¿De verdad era necesario que armaras semejante alboroto solo para buscarme? —Se quejó ella con un tono completamente despreocupado y altanero.

—¡Mírate en qué facha vienes! Si la gente llega a enterarse de tus desvaríos, ¡no quiero ni imaginar las cosas que dirán de nosotros! —exclamó David, levantando la voz. Faltando tan poco para el evento, no podía permitirse el lujo de sufrir el más mínimo contratiempo.

Rocío soltó una carcajada cargada de amargo sarcasmo.

—Si ni siquiera nos hemos casado y Alfredo ya se da el lujo de mantener a otra mujer a escondidas, ¿se puede saber por qué yo no tengo el mismo derecho de salir con un hombre?

—¡Cállate!

David, completamente fuera de sí por la furia, tomó su taza de porcelana y la arrojó contra el suelo con violencia. El líquido hirviendo salpicó la alfombra y las astillas del material volaron en todas direcciones.

—¿Acaso esas son las palabras que se supone deben salir de la boca de una señorita de alta sociedad? Lo que Alfredo ha hecho es un problema de moral que le compete exclusivamente a los Suárez. ¡Pero que mi propia hija se preste a esta clase de bajezas es algo que no pienso tolerar bajo ninguna circunstancia! Además, una simple amante no va a venir a cambiar en lo absoluto el rumbo de nuestros planes.

Hizo una breve pausa para recuperar el aliento antes de continuar:

Al día siguiente, la noticia oficial del divorcio definitivo entre Celia y César se difundió como la pólvora por todos los medios de comunicación y portales de entretenimiento. En cuestión de minutos, las plataformas digitales y redes sociales se inundaron con miles de comentarios y especulaciones de todo tipo.

Lía, en cuanto se enteró de que la separación legal, se dirigió a toda prisa a la oficina de César para confrontarlo.

—¡César! ¡Me habías asegurado que todo ese asunto del divorcio era una simple farsa! ¡Y resulta que lo hicieron de verdad!

Nicole desvió de inmediato la mirada hacia César, evaluando su reacción. Este último, por su parte, ni siquiera se tomó la molestia de levantar la cabeza de los balances financieros que revisaba sobre su escritorio.

—¿Te sorprende mucho?

—¿Cómo pretendes que no? —Lía se aproximó un paso más al escritorio—. Ni siquiera cuando las cosas se pusieron verdaderamente mal en el pasado consideraron la opción de separarse, y ahora, de la noche a la mañana, ¡deciden firmar los papeles! Además, ella se encuentra em…

De pronto, ella se llevó una mano a la boca de un golpe, interrumpiendo su propia frase en seco.

“¡Mierda!”, exclamó mentalmente.

César detuvo el movimiento de sus dedos justo antes de pasar la siguiente página del documento y levantó la cabeza para clavar una mirada penetrante en ella.

—¿Ella se encuentra qué?

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